sábado, 7 de diciembre de 2013

Gerardo Arias de Savia Andina y yo

Es el vocalista de un famoso grupo musical boliviano cuya trayectoria llena de triunfos inspira a todo artista porque a pesar de todo conserva la sencillez y dulzura expresiva de sus comienzos.

He is the vocalist of a famous Bolivian musical group whose trajectory full with victories inspires all artist because in spite of everything preserve the simplicity and expressive sweetness of its beginnings

Hola, amigas y amigos. Si ustedes ya se han enterado que logré clasificar para la Final del XXI Festival Nacional de la Canción Boliviana “Aquí Canta Bolivia”, en la categoría Solista Vocal con Acompañamiento, y que luego de competir con representantes muy bien preparados de todo mi país, pude lograr el Primer Lugar, también debo contarles que en este certamen conocí a muchos compositores, artistas y personalidades famosas de la música boliviana, como por ejemplo, a una de las mejores críticas y comentaristas, Patricia Gonzáles del Programa Surcos Bolivianos de Radio Panamericana.

Pues bien. También tuve la suerte de conocer al afamado artista boliviano Gerardo Arias, gestor y vocalista del grupo Savia Andina.
Savia Andina es un conjunto folklórico con más de tres décadas de labor que, gracias a su inigualable, estilo es conocido no sólo en Bolivia sino en todo el mundo. Sus conciertos parecen como de música clásica ligera, son más para oír y disfrutar que para bailar o festejar. Tocan y cantan “al natural” y eso los hace inconfundibles. Si comparamos sus discos, no hay diferencia con lo que actúan en vivo. Cuidan cada detalle, cada nota, cada verso, que cada tema es una joya.

En el centro de esa joya está su vocalista, el señor (quisiera escribir con mayúsculas) Gerardo Arias.

Dimas, mi pa’, dice que su voz es la misma de hace treinta años, y es verdad por los discos de esa época. Cómo no emocionarse con su voz de tenor alto (hay esa categoría?):

Ábreme la puerta, verbenita, que no soy ladrón,
Por la llave vengo, verbenita, de tu corazón…

En su voz, cualquier canción que podría ser insignificante se vuelve melodía y verso poético, como cuando cuenta la amistad entre un camionero y su viejo camión:

Somos amigos tú y yo, caray… somos amigos tú y yo, caray,
Zumba que zumba el motor veloz, zumba que zumba mi corazón,
Nuestro socio es un gran camión que comparte nuestra ilusión;
Nuestro destino siempre partir…, y en el camino vivir.

Para luego acabar con esta “casi” declaración de amor:

Quiero, quiero que tú me digas hoy
Quién nos podrá separar…

Simple, casi vulgar? No… Grande, magistral, con la grandeza que tienen las cosas sencillas. Dimas suele decirme que el diamante es precioso y único porque la causa de su hermosura es precisamente (me perdonan pero así lo dice) su ridícula sencillez. Y pienso que tiene razón.

Al señor Gerardo Arias, una leyenda viva de la música boliviana, lo pude conocer en octubre de 2013. Él, desde el primer momento, me dio una enseñanza que jamás olvidaré…

Resulta que luego de hacer el desfile callejero de todas las delegaciones que llegaron a Oruro, la mañana del 17 de octubre, nos invitaron a todos a un acto en el Salón de Honor de la Gobernación. Antes, vimos al señor Gerardo que hablaba con algunas autoridades, y cuando quedó sólo por un momento, siempre serio y pensativo como es él, con algo de temor nos acercamos para pedirle tomarnos una foto.

Dimas le dijo: - Señor Arias, buenos días, ¿nos permite una foto, por favor?
Él respondió: - Claro, hermano, encantado, ¿cómo estás?, ¿todo bien?

Nos tomamos dos o tres fotos, nos dimos la mano, nos abrazamos y saludamos como si viviéramos en el mismo barrio…
Luego de palabras aquí y allá, nos despedimos. Ya a solas me apuré a reclamarle a Dimas:

-¿Por qué no me contaste que era tu gran amigo…?
Dimas me respondió: -Es la primera vez que lo veo, y todo gracias a ti…

Habrá en otras personas famosas tanta amabilidad y sencillez? La hay, aunque en pocas, me temo…

Gerardo Arias conformó el Jurado Calificador del todo el Festival. Naturalmente no lo volví a ver sino hasta el momento de la premiación, y esa es otra historia:

Como niño-artista concursante tuve pase para las butacas de autoridades e invitados. La noche de la premiación, curiosos por saber los resultados, yo y mi mamá, Mirtha, fuimos a ese sector. Casi al comenzar la ceremonia ingresaron los del Jurado Calificador a medida que Patricia Gonzáles (la linda) y Carlos Langa (otro “señorazo”) los presentaban desde el escenario.

Apareció el señor Gerardo y yo exclamé a mi mami “Ahí va don Gerardo…!”.
Ella me pidió callar, pero tarde…

No sé por qué, pero en cuanto me vio se acercó pasándose la custodia de soldados que cuidaban a las personalidades, nos volvimos a saludar y abrazar. Le dije que había escuchado sus discos y que su voz era muy linda.
Él me respondió que también cantaba de niño, y me dio su receta para mejorar la voz y el canto.

Es la receta de las tres “e”: Ensayar, Ensayar, Ensayar…

Nos dijimos otras cosas parecidas más. La verdad tardamos mucho, y tuvo que despedirse de mi y de mi mami, quien le pidió disculpas que él ni siquiera tomó en cuenta, y más bien respondió: “para mí fue el gusto, señora…”
No miento ni exagero lo que digo, porque en la grabación de video del Festival y ese momento se nota que los presentadores llaman hasta por tres veces a que don Gerardo Arias pase a ocupar su lugar en el Jurado Calificador ya que estaba tardando “un poco” (más de tres minutos).

Es que estaba hablando conmigo, Patricia linda…! (perdón, penúltima vez, ji ji ji…).

Ahora que han pasado algunas semanas, no me explico por qué no me desmayé de la alegría ante tantas emociones y satisfacciones juntas, porque falta que les cuente muchas cosas lindas más que me sucedieron esos días. Pero será después.

Si el señor Gerardo Arias puede llegar a leer este post algún día, quisiera que sepa que lo admiro, no sólo por ser un gran cantante sino también por ser una persona maravillosa, y sé que él no cambiará…

Gracias por tu amistad, te apreciamos don Gerardo, sigue siendo así… Un abrazo.

Chau…

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